Un día, mientras caminaba por un tranquilo pueblo de Japón, noté un cálido resplandor que salía de un pequeño taller.
Con curiosidad, me asomé dentro.
Un alfarero estaba colocando un objeto en un fuego brillante.
Las llamas bailaban a su alrededor, vivas y luminosas, como si le estuvieran regalando su fuerza.
Al cabo de un rato, lo sacó con mucho cuidado.
El objeto se había vuelto de un rojo profundo, casi como si hubiera guardado un pedacito de fuego en su interior.
Su superficie no era perfectamente lisa — parecía viva, moldeada por manos y calor.
—El fuego y la tierra trabajan juntos —dijo el alfarero en voz baja.
Parecía que la tierra tranquila y el fuego danzante vivían ambos dentro de él.
¿Te gustaría sostener algo hecho de fuego y tierra?
